
En la ciudad de Toluca , vivía un joven de nombre José Juan, un apasionado por la aviación y los viajes, soñaba con ir a Canadá para estudiar ingeniería aeroespacial. Era un destino que representaba no solo una oportunidad académica, sino también la promesa de un futuro lleno de posibilidades. Sin embargo, el precio del boleto de avión se presentaba como una barrera insuperable.
La mamá de José Juan trabajaba en el restaurante de un hotel de Toluca, donde cada día servía café a los habitantes y escuchaba sus historias. Con cada propina, guardaba unas monedas en un frasco que tenía en casa, etiquetado “para el viaje de José Juan a Canadá» y decorado con pequeños dibujos de aviones que su hijo iba coleccionando. No importaba que el monto acumulado fuera insuficiente; para él, ese frasco era más que dinero, era esperanza.
Pasó el tiempo y al ver que se iba a demorar mucho el sueño de su hijo, Doña Elisa decidió llevar a su hijo a las oficinas de Canadian Airlines. Con sus pocos ahorros reunidos, pidió un crédito, obvio que ni la señora ni su hijo tenían una tarjeta de crédito. Tuve la gran fortuna de atenderlos y al ver de lo que se trataba, la gran ilusión y entusiasmo de José Juan, decidí en aquellos ayeres platicar con mi jefe que entonces era, Don Carlos Aceves, un señor humano y comprensivo.

La historia tocó el corazón de mi jefe y lo demás fue muy sencillo, se le otorgó un boleto de avión en cortesía a Toronto pero faltaba apoyarlo con sus gastos iniciales. Todos sin excepción contribuimos a la causa y logramos reunir 2,000 dólares que para el chico era una fortuna inalcanzable.
Cumplimos con el sueño de José Juan y de doña Elisa. El chico viajó, buscó la mejor opción en la Universidad de Toronto y producto de ser un buen estudiante, logró los mejores planes para estudiar.

La historia de José Juan no sólo es la de un joven que logró alcanzar su meta, sino también la de una aerolínea que convirtió un sueño individual en una victoria compartida. Así, el cielo canadiense se convirtió en el escenario para el primer capítulo de una vida llena de aventuras que apenas comenzaba.
José Juan nunca dejó de escribirnos y cuando obtuvo su título de Ingeniero Aeroespacial, dedicó unas líneas a la aerolínea Canadian Airlines que hizo públicas en la Universidad.
¡Querer es poder y los sueños sí se pueden alcanzar!


