Con cada vez más ciudades y países prohibiendo las bolsas de plástico de un solo uso, las bolsas de papel han resurgido como una alternativa popular. A simple vista, esto parece una victoria para el medio ambiente: el plástico proviene de combustibles fósiles y es uno de los principales contaminantes del planeta. Pero la realidad es más compleja de lo que parece.
Las bolsas de papel, al igual que las bolsas reutilizables, tienen su propio conjunto de desafíos ambientales. Evaluar cuál es la mejor opción no es tan sencillo, porque el impacto ecológico de una bolsa depende de muchos factores: los materiales con los que fue fabricada, el proceso de producción, el transporte, el número de veces que se reutiliza, y cómo se desecha.

¿Qué dicen los estudios?
Un informe de 2018 de la Agencia de Protección Ambiental de Dinamarca reveló que las bolsas de plástico fabricadas con polietileno de baja densidad —el tipo más común en los supermercados— tienen la huella ambiental más baja entre ocho tipos de bolsas analizadas, incluyendo las de papel y las reutilizables.
En cuanto al reciclaje, sólo el 10% de las bolsas de plástico en Estados Unidos se recicla, mientras que las bolsas de papel, que entran en otra categoría de residuos, tienen una tasa de reciclaje más alta: 43%. Sin embargo, esto no significa que la mayoría de estas bolsas evite los vertederos. Tanto el papel como el plástico suelen terminar en basureros o incineradores.
Una vez en el vertedero, las bolsas de papel emiten metano y dióxido de carbono, potentes gases de efecto invernadero, al descomponerse. El plástico, aunque no emite estos gases, puede degradarse en microplásticos que contaminan el ambiente durante siglos.

¿Y las bolsas reutilizables?
Las bolsas reutilizables, también llamadas «bolsas ecológicas», surgieron como una solución al problema de los productos de un solo uso. Pero en muchos hogares se han acumulado tantas que el efecto positivo se diluye. Además, fabricar bolsas reutilizables requiere más recursos y energía.
El tipo de material también influye. Las bolsas de algodón, por ejemplo, necesitan ser reutilizadas al menos 131 veces (según un estudio británico) o incluso 149 veces (según el estudio danés) para compensar su impacto ambiental frente a una bolsa de plástico. Esto se debe al uso intensivo de tierra, agua y fertilizantes para cultivar algodón, además del alto costo energético del proceso de fabricación.
¿Cuál es la mejor opción?
La mejor bolsa es, sencillamente, la que ya tienes y reutilizas. Si eres constante en el uso de tus bolsas ecológicas, especialmente si están hechas de materiales reciclados, estás tomando una buena decisión. Pero cuidado con acumular docenas que nunca usas: eso también tiene un costo ambiental.
En resumen, no se trata solo de cambiar el tipo de bolsa, sino de cambiar nuestros hábitos. Reutilizar, reducir y repensar nuestro consumo sigue siendo la fórmula más efectiva para cuidar el planeta.


