Por Allison Sider | Texto Tomado de WSJ
Sentado en el Aeropuerto Internacional Washington-Dulles, el año pasado Ady Beitler escuchó por casualidad ambos lados de una discusión tan fuerte que si se tratara de mi matrimonio, habría sido una ruptura. Para la pareja en cuestión, el culpable era una toalla mojada tirada en el suelo del baño, pero para Beitler, el problema era la desconcertante disposición de otro pasajero a tener esta pequeña pelea por el altavoz del teléfono, a un volumen queda imposible ignorar.
“Me involucré emocionalmente en el drama”, señaló el empresario de 43 años. Finalmente se alejó y se dirigió a una sala más tranquila después de haber aprendido por las malas que nada bueno sale de enfrentarse a personas que se resisten a usar audífonos.

Si las filas de seguridad, los vuelos retrasados y las escalas prolongadas no fueran suficientes, hay un nuevo flagelo al que se enfrentan los viajeros: una sorprendente cantidad de personas piensa que está perfectamente bien tener conversaciones telefónicas por el altavoz o ver películas y programas sin audífonos.
Algunas aerolíneas se lo han tomado en serio. Sobrecargos de American Airlines y Alaska Air hacen anuncios sobre la necesidad de usar audífonos. Delta agregó recientemente una petición para el uso de audífonos en la parte inferior de su portal de entretenimiento a bordo.
La puerta de abordaje en el Aeropuerto Internacional de San Francisco es una sala de juntas virtual, cuenta Sasha Sinclair, de 32 años, que vuela cada mes por su empleo en biotecnología. Observa con asombro cómo trabajadores tecnológicos caminan de un lado a otro atendiendo llamadas de negocios sin ningún amortiguador auditivo, a veces transmitiendo posibles secretos de Silicon Valley.
La actitud de los audífonos opcionales no se limita a los vuelos. Podcasts y juegos deportivos suenan a todo volumen en espacios de trabajo abiertos. Autoridades de tránsito en grandes ciudades han batallado para lograr que los pasajeros guarden su música para sí mismos en el metro y en los trenes suburbanos. Algunos testigos dicen que los infractores abarcan todo el espectro generacional y socioeconómico, desde abuelos con el teléfono en altavoz hasta niños pequeños con iPads, desde primera clase hasta clase turista.

Los viajes en avión ya sobrecargan los sentidos con una cacofonía de anuncios de la tripulación, el pitido de vehículos y el llanto de bebés. Por lo general, las aerolíneas estadounidenses no permiten llamadas y videollamadas en el aire, pero para el despegue el daño ya está hecho.
“Es peor en el aeropuerto, en la sala de embarque”, comentó Tracey Parsons, quien dijo que ha escuchado los sonidos de los teléfonos de otros pasajeros en todos los aeropuertos estadounidenses.
Antes, los audífonos alámbricos baratos eran más comunes hasta el 2020. Cada iPhone nuevo incluía un par. Ahora, la duración de la batería de audífonos Bluetooth es un recurso precioso que se debe conservar para un vuelo. Y reemplazar un par olvidado en el aeropuerto puede ser caro.
Joe Rojas y su esposa descansaban en un lounge de Delta en Kansas City, Missouri, cuando una mujer entró, dejó sus maletas y puso un programa de televisión. Otros clientes intercambiaron miradas incómodas tratando de averiguar el origen del diálogo británico a alto volumen. Al darse cuenta de que nadie iba a hacer nada, Rojas, un abogado de Boston, de 40 años, tomó la iniciativa.
Se sentó junto a la mujer, se inclinó y comenzó a ver el programa con ella. “Le dije, ya que todos tenemos que escucharlo, pensé que deberíamos verlo juntos”. La acción de justiciero le valió a Rojas una mirada de desaprobación, pero la mujer rápidamente buscó entre sus maletas para sacar sus audífonos.
Por respeto a los demás pasajeros, se recomienda el uso de audífonos al escuchar música, ver videos o realizar llamadas, tanto en el avión como en las salas de espera, manteniendo un ambiente cómodo y tranquilo para todos.


