Cada tercer domingo de junio, millones de familias mexicanas se reúnen para festejar el Día del Padre, una fecha dedicada a reconocer el amor, la dedicación y el esfuerzo de quienes desempeñan la labor de ser padres. Aunque suele tener menos protagonismo que el Día de la Madre, esta celebración cuenta con una historia poco conocida que tiene raíces tanto en México como en Estados Unidos.
El origen moderno del Día del Padre se atribuye a Sonora Smart Dodd, una mujer estadounidense que en 1910 propuso dedicar una jornada especial a los padres en honor a su progenitor, quien crió solo a seis hijos tras la muerte de su esposa. Su iniciativa ganó fuerza con el paso de las décadas hasta que, en 1972, el presidente Richard Nixon estableció oficialmente la celebración en el tercer domingo de junio.

Sin embargo, en México existe una historia particular. Diversas investigaciones señalan que la principal impulsora del Día del Padre fue la periodista Carmelita Tostado Gamboa, quien promovió la creación de una fecha para reconocer a los padres mexicanos y, gracias a su iniciativa, el 15 de junio de 1946 se realizó una de las primeras celebraciones formales en el país. Su motivación fue rendir homenaje a su padre, Pedro Tostado Ontiveros, y destacar la importancia de la figura paterna dentro de la familia.
Con el tiempo, la tradición se extendió por todo el territorio nacional hasta consolidarse como una de las celebraciones familiares más importantes del año.
Más allá de los regalos, las reuniones familiares o las comidas especiales, el Día del Padre representa una oportunidad para reconocer el papel que desempeñan los padres, abuelos, padrastros y figuras paternas en la formación, educación y acompañamiento de las nuevas generaciones. También refleja la evolución de la paternidad en México, donde cada vez más hombres participan activamente en la crianza y el cuidado de sus hijos.


